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El color en los textiles.

Continuando con el posteo anterior, describiré el proceso de teñido.






El teñido:


En la tradición textil de Chiloé encontramos la utilización de dos tipos de teñidos. El primero consiste en el uso de tintes naturales y el segundo en el uso de anilinas, con las cuales se logran los colores que no se encuentran en la naturaleza insular.

El primero, tiene sus raíces en la cultura williche, quienes teñían sus hilados con los colores que aporta la naturaleza como se hace todavía. El proceso consiste en el hervor de plantas tintóreas, como el mechay (berberis darwinii), el peyo-peyo (ovidia pillopillo) y la barba de palo (tillandsia usneoides), entre otros. También existe un proceso de teñido con barro llamado rovo.

A fines del siglo XVIII, el navegante Alejandro Malaspina (1.754 – 1.809), en su expedición científica por Chiloé, relata el proceso de tinción de la siguiente manera:

“Son dignos de noticia, los fáciles modos con que tiñen sus hilazas, de que resultan los más vistosos colores en las varias telas que urden, que aunque no resisten las pruebas del agua fuerte, permanecen si hasta que se gasta el vestido. Carecen estas gentes sencillas de las artes europeas, y sin tales conocimientos, aciertan a teñir igualmente bien las materias animales como la lana y las vegetales, como el lino y algodón. Generalmente ponen las hilazas en disolución de agua y alumbre, cuya sustancia salina se encuentra en abundancia en el país, es blanca y ligera y de sabor estítico y adulzorado, que descubre bien el alumbre que contiene: llamado por los nativos porcura. Esta porcura hace las veces de mordiente, así como la orina fermentada, tanto de animal como de gente”


En ocasiones se genera gran polémica por el uso de tintes sintéticos, pero vale decir que en Chiloé se usan desde hace varias décadas para lograr artículos típicos y reconocidos a nivel nacional como son las alfombras con motivos florales donde los colores rojo, rosado y verde eran los protagonistas. Cabe señalar también, que a finales del siglo xix, el químico W.H. Perkin (1838-1907), descubre el tinte sintético, por lo que las primeras tinturas de anilinas entrarían en uso en Chiloé durante el siglo XX, puesto que un sinnúmero de tintes químicos fueron puestos en el mercado, y traídos al territorio por el movimiento comercial con Europa en aquella época.

Existe una inclinación en este siglo por volver a lo natural, es por ello que muchas son las artesanas que prefieren el teñido con fibras vegetales, a las anilinas, aunque, en gran parte de esos casos se han incorporado algunos mordientes y post-mordientes que alteran los colores naturales y que son de carácter nocivo para la salud, como es el caso del Bicromato de Potasio, el Sulfato de Fierro y el Sulfato de Cobre.

El principal problema del uso de estos post-mordientes, es su capacidad para corroer e irritar la piel, ojos, membranas mucosas y tracto respiratorio, así como hígado y riñones. Por lo que son un peligro al ser inhalados, ingerirlos o en contacto con la piel. Se ha informado de efectos tóxicos de estos productos sobre los sistemas circulatorio y nervioso central, pulmones, corazón, riñones y tracto gastrointestinal de conejos expuestos a concentraciones crónicas.



El teñido con vegetales:

Uno de los aspectos más importantes en Chiloé es la trasmisión oral que se entrega de generación en generación y el aprender haciendo.

A continuación describo la forma en que aprendí a teñir con vegetales:

Para el procedimiento del teñido se deben recolectar aproximadamente dos kilos de vegetal por uno de hilado, sin embargo, todo esto es relativo, mientras mayor cantidad de vegetal, más cargado será el color que adquiera la lana, lo mismo pasa con las ollas a usar, si son de cobre, de aluminio o de fierro, todo influye en el teñido.




Los materiales vegetales recolectados se ponen dentro de una olla, formando una primera capa, sobre ésta se hace una nueva capa con los hilados y volvemos a poner vegetal, dependiendo de la medida de la olla y de la cantidad de vegetal y lana, haremos las capas hasta completar.

Agregamos agua y ponemos a fuego fuerte para hacer hervir.

Las madejas, deben estar lavadas, remojadas en agua fría y humedecidas al momento de incorporar a la olla de tinción.

A los diez minutos que la comienza a hervir, podemos sacar una madeja para comprobar la adherencia del color.


Si aún no ha tomado, dejamos hervir por diez minutos más; por el contrario, si la madeja ya ha teñido la sacamos y dejamos enfriar colgada para volver a sumergirla en la olla con los vegetales, aquí podemos agregar sal como mordiente.

Dejamos diez minutos más a fuego fuerte y sacamos la olla con todo adentro, esperamos algunas horas o hasta el día siguiente para sacar las madejas teñidas.

El arte de elaborar colores propios y enfrentarse a lo inesperado en los resultados de los tintes vegetales es todo un reto para quienes gustan de un proceso ligado a la naturaleza.

Jreco Rodríguez Saldaña

Arte Insular.





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