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Los primeros textiles en los archipiélagos del sur.

Cuando me adentré en bibliografía sobre los textiles de Chiloé, por el año 2014, encontré muy poco material, éste estaba fragmentado en breves relatos de antiguos viajeros que alguna vez se toparon con los tejidos de quienes ya habitaban el archipiélago.





A continuación, haré un resumen de lo que más interés me produjo, partiendo por el “pueblo” Chono y luego el Williche:

Los chono:


Como Chono entenderemos a todos los canoeros que habitaban este territorio: entre ellos Juncos, Guaiguenes, Payos, huilli, Guaitecas. Este grupo de canoeros mantenían formas de recolección múltiple y diversificada. Poseían características físicas diferenciadas, algunos cronistas cuentan que eran de baja estatura, para otros eran bien formados, se dice que los habían de pelos castaños, otros grupos de cabellos negros, algunos grupos lampiños y que a su vez hablaban diferentes lenguas. Pero el elemento común de mayor importancia, que caracteriza a todos los navegantes del archipiélago, es el uso de un bote de tablones, llamado dalca. Del lobo marino, extraían la carne para alimento y grasa para untar en el cuerpo, esta grasa era también su única bebida, así se volvían más resistentes al frío. Se sabe que domesticaban perros que les colaboraban en la pesca. Usaron el fuego para cocer sus alimentos dentro de un hoyo con piedras calientes, este método se encuentra en las culturas más antiguas, pasando a ser característico de la Polinesia y algunos lugares de Australia. En cuanto a los textiles:


De una carta anua del s. XVII citada por Walter Hanisch en su libro «La Isla de Chiloé, Capitanía de rutas Australes», se desprende:


«Hay algunos entre estos anfibios tan grandes como las ocas o gansos, entre ellos una especie que llaman quetu de color ceniciento (…) no tienen plumas, sino en lugar de ellas un género de pelo muy suave, el que suelen hilar las indias chonas y cauchahues, y hacen los colmanes, que es una cubierta de cama muy ligera y que abriga mucho»


Más adelante, el mismo autor cita que en el año 1.611:


«En la primera (isla) que le llaman Guaiteca, crían algunos perros grandes lanudos, los cuales trasquilan a sus tiempos, y de aquella lana tejen sus vestidos».


Y más adelante, en 1614:


«Los jóvenes y adultos tienen una pequeña manta que no cubre todo el cuerpo, por lo cual, tapan una parte del cuerpo (y luego) tapan otra para el mismo efecto».

Los Williche.




Cabe señalar que los williche, eran un pueblo de costumbres sedentarias, practicaban el cultivo de la tierra y habían domesticado la llama o hueque, un auquénido común a los pueblos entre Ecuador y Chiloé, del cual extraían la lana para elaborar sus tejidos.


Tomando atención a los cronistas, mencionaremos al poeta y soldado español Don Alonso de Ercilla y Zúñiga (1.533 – 1.594), autor del poema épico «La Araucana», quien en los cantos xxxv y xxxvi, nos relata su encuentro con los habitantes del archipiélago y cómo ellos se vestían, a continuación un fragmento:


«la buena traza y talla de la gente,

blanca, dispuesta, en proporción fornida,

de manto y floja túnica vestida;

la cabeza cubierta y adornada con

un capelo en punta rematado

pendiente atrás la punta derribada,

a las ceñidas sienes ajustado,

de fina lana de vellón rizada

y el rizo de colores variados,

que lozano y vistoso parecía

señal de ser el clima y tierra fría».

A partir de estos versos, podemos inferir las referencias a la prenda más relevante de los pueblos pre-hispanos, el poncho, «de manto y floja túnica», en la cabeza, Alonso de Ercilla, describe un capelo o sombrero «a las ceñidas sienes ajustado». Muy probablemente, este capelo tuvo trenzas o borlas de «fina lana de vellón rizada», donde participaban colores variados, quizás como los cordones, borlas y trenzas conocidos entre los pueblos altiplánicos de Chile, Perú y Bolivia.


Más tarde, en 1.643, el corsario holandés Hendrick Brouwer (1.581 – 1.643), nos da algunas pistas a cerca del telar usado por aquella época:


«Estos habitantes de Chiloé, hacen i tejen los jéneros para sus vestidos, i son sobre todo las mujeres las que se ocupan de este trabajo, las que siempre llevan consigo un telar para no quedar ociosas».


Cuando Brouwer, nos dice «llevan consigo un telar», nos sugiere, un telar móvil, fácil de transportar y de armar por las mujeres, el cual podríamos relacionar con el telar de cintura, el mismo de los indígenas del altiplano andino, como los que aún se usan en el norte de Chile, en Perú, Bolivia, otros países de Sudamérica y hasta México. Por tanto, este telar señalado por Brouwer, no se trataría de un witral mapuche, —sin descartarlo de la cultura williche de aquella época—, y mucho menos, se trataría de un telar Quelgo, como el conocido en Chiloé hasta nuestro tiempo.


Siguiendo con el relato de Brouwer:


«Sus vestidos son mui mal hechos pero mui curiosos, según su manera… Los hombres o indios de este país… se atan una especie de cinta u otra cosa en torno de la cintura (…) llevan calzas anchas abajo, a manera de los marineros, aseguradas por una faja alrededor del cuerpo; además forman del mismo jénero una especie de manto o capa de 31 varas de largo por 2 de ancho, en medio del cual hacen una abertura para meter la cabeza por ella, dejándola caer así de los hombros”.


Podemos inferir, que los williche, conocían el huso y la tortera para realizar hilados y tejer sus ponchos y fajas, al igual que los mapuche y las comunidades textileras del altiplano. Así mismo, en sus prendas, los williche, describían por medio de dibujos con cierto contenido simbólico, el estatus de quien las portaba, su rol dentro de la comunidad, incluso, aún hoy, en el caso de las fajas, las hay diferentes para niñas y para mujeres adultas.




Colonización.


Cuando llegan los españoles a Chiloé, durante el siglo XVI, traen consigo sus necesidades de abrigo, sus tipos de ligamentos para la elaboración de textiles, como la sarga, el tafetán y el brocado. Aportan el uso de herramientas como la rueca (cuyo sistema es el mismo que el huso, pero cuenta con un pedal para hacer el giro que tuerce la lana y la convierte en hilo). Además, contribuyen a lo que será la tradición textil de Chiloé con un importante elemento: la oveja y su materia prima, la lana.


Es durante la colonización española, que el sencillo telar transportable insinuado por Brouwer, alcanza las dimensiones del actual telar Quelgo, en el cual se siguen elaborando ponchos y fajas, pero también frazadas, sabanillas, echarpes y posteriormente alfombras. Estos textiles, serán una muestra del mestizaje y del sincretismo cultural del archipiélago, ya que en ellos podremos descubrir las capas históricas donde se entrelazan los mundos del williche y del europeo.

Jreco Rodríguez Saldaña

Arte Insular.


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